Los cuentos permiten acercarse al duelo de otra manera. A través del símbolo y la metáfora, abren un espacio para mirar la pérdida con menos peso directo, dejando que algo se acomode con calma mientras la historia avanza.
Un cuento poético sobre una hija que emprende el último encargo de su madre: subir la Colina de los Vientos para liberar sus aguas. A través del camino, la memoria, el vínculo y la despedida se entrelazan en una experiencia de tránsito entre la vida y la muerte.
Mi camino como tanatólogo se ha ido formando en distintos espacios de duelo: la consulta individual, el acompañamiento a familias y los rituales de despedida, así como en el Hospital General Dr. Eduardo Liceaga acompañamdo personas enfermas y moribundas.
Si me lo preguntas, el duelo no es un problema que debamos resolver; no se supera ni tiene un final definido. Más bien, es una experiencia que debemos vivir; un proceso que cambia como una flor. Nace debajo de la tierra oscura, en el dolor. Pero poco a poco, crece, madura, y en algún momento, florece en agradecimiento, amor y homenaje. El duelo, si se lo permitimos, nos transforma. Y para mí, es un gran honor atestiguar y acompañar esa transformación.
Cuento con certificación en Tanatología por la Tanatóloga Gaby Pérez Islas, por la Asociación de Tanatología del Estado de Morelos; y en estudios de Imtervención en Crisis por el CPI Collage.