Hay lugares a los que no podemos llegar por medio de la razón. Necesitamos que el corazón ilumine el camino. El arte, la poesía, puede ser un medio hábil para contactar nuestros sentimientos mas sutiles, profundos y ocultos, esos que parecen inefables. Puede ser un medio sano para el desahogo y el llanto.
Cuando leemos poesía descubrimos en sus versos como otras personas también han perdido, sufrido y llorado. Nos ayuda a hacer esa necesaria transición del mi dolor a El Dolor. Combate la soledad y nos conecta con otros al reconocer la experiencia universal del Sufrimiento a la que todos estamos sujetos.
Por último, a través de la poesía, podemos contactar con ese nivel simbólico, irónico y metafórico que hay detras de todas las cosas. Nos ayuda a extraer significado y sentido de las experiencias que vivimos; mirar las cosas desde una perspectiva nueva, más sensible y sutil.
A continuación, te dejo una selección de poemas que pueden acompañarte en tu camino de sanación y re significación. Algunos son poemas escritos por mí, otros pertenecen a otros autores.
Cuando llegue la muerte
como el oso hambriento en otoño,
cuando llegue la muerte y se lleve
todas las monedas brillantes de mi cartera
para comprarme, y cierre la cartera
de un golpe,
cuando llegue la muerte
como la viruela,
cuando llegue la muerte
como un témpano entre los omóplatos,
quiero atravesar el umbral llena de
curiosidad, preguntándome:
¿Cómo será esa cabaña oscura?
Y, por tanto, lo miro todo
como a una hermandad de hombres y mujeres,
y veo al tiempo como apenas una idea y
considero a la eternidad como otra posibilidad.
Y pienso en cada vida como una flor
tan común como una margarita del campo,
y tan singular.
Y cada nombre como una música confortable
en la boca, que tiende,
como toda música, al silencio.
Y cada cuerpo un león de coraje,
y algo precioso para la tierra.
Cuando termine, quiero decir:
toda mi vida fui una novia casada con el asombro,
fui el novio, levantando el mundo en mis brazos.
Cuando termine, no quiero preguntarme
si hice de mi vida algo particular,
y real.
No quiero encontrarme suspirando y asustada,
y llena de argumentos.
No quiero terminar simplemente
habiendo visitado este mundo.
Mi camino como tanatólogo se ha ido formando en distintos espacios de duelo: la consulta individual, el acompañamiento a familias y los rituales de despedida, así como en el Hospital General Dr. Eduardo Liceaga acompañamdo personas enfermas y moribundas.
Si me lo preguntas, el duelo no es un problema que debamos resolver; no se supera ni tiene un final definido. Más bien, es una experiencia que debemos vivir; un proceso que cambia como una flor. Nace debajo de la tierra oscura, en el dolor. Pero poco a poco, crece, madura, y en algún momento, florece en agradecimiento, amor y homenaje. El duelo, si se lo permitimos, nos transforma. Y para mí, es un gran honor atestiguar y acompañar esa transformación.
Cuento con certificación en Tanatología por la Tanatóloga Gaby Pérez Islas, por la Asociación de Tanatología del Estado de Morelos; y en estudios de Imtervención en Crisis por el CPI Collage.