Mi camino como tanatólogo se ha ido formando en distintos espacios de duelo: la consulta individual, el acompañamiento a familias y los rituales de despedida, así como en el Hospital General Dr. Eduardo Liceaga acompañamdo personas enfermas y moribundas.
Si me lo preguntas, el duelo no es un problema que debamos resolver; no se supera ni tiene un final definido. Más bien, es una experiencia que debemos vivir; un proceso que cambia como una flor. Nace debajo de la tierra oscura, en el dolor. Pero poco a poco, crece, madura, y en algún momento, florece en agradecimiento, amor y homenaje. El duelo, si se lo permitimos, nos transforma. Y para mí, es un gran honor atestiguar y acompañar esa transformación.
Cuento con certificación en Tanatología por la Tanatóloga Gaby Pérez Islas, por la Asociación de Tanatología del Estado de Morelos; y en estudios de Imtervención en Crisis por el CPI Collage.